El desafío
Las cotizaciones vivían en planillas, las reservas en el correo, las confirmaciones de proveedores en una casilla compartida y las comisiones en un documento que entendía una sola persona. Cada nuevo mercado multiplicaba el trabajo de conciliación, y nadie podía responder preguntas básicas —margen por operador, o qué reservas estaban sin confirmar— sin una auditoría manual.